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COMPARTIENDO UN PISO En la cara de Lise se podía ver el placer que volvía a sentir, tenía una mano en su clítoris y la picha del negro rompiéndole el culo.

 

 

Era mi primer piso compartido en Paris y la verdad que mantenía cierta inquietud por saber si sabría convivir con gente a la que apenas conocía. El dato me lo había dado Iván, uno de mis entrañables amigos, quien ya me llevaba varios años de experiencias de todo tipo en suelo francés. Así que el dato no podía ser malo, pero de todas maneras siempre me quedaba algún recelo.

El hecho es que me instalé en ese portal, sin ascensor, pero con un conserje servicial y ameno. Llegué al piso, hablé con el casero, le dije que venía de parte de Iván y no tuve ningún problema para instalarme. Para que se hagan una idea de como era el piso se los describo: en realidad eran dos pisos en uno; habían cinco habitaciones, 4 individuales y una doble, en la cual me instalaría. Desde mi habitación se veía directamente un largo pasillo que desembocaba en la cocina. Desde allí también se podía ver las puertas de las habitaciones de los otros chicos. En ellas vivían individualmente un egipcio, un senegalés, y dos franceses, todos estudiantes universitarios. La suerte quiso que compartiera piso con Andrés, madrileño como yo, que rápidamente me puso al día de lo que pasaba y no pasaba en el piso.

Y aquí empieza la historia de Bobby, el senegalés. Andrés era, literalmente, un salido sexual. Llevaba ya un año en esa casa y había hecho buenas migas con Bobby y a éste tampoco le disgustaba las propuestas de mi compañero de habitación. Resulta que, generalmente, los viernes por las tardes alguien venía a buscar a Bobby. Era Lise, de unos 27 años, castaña, ojos claros... y casada. Según contaba Andrés, todos los viernes por la tarde en el trabajo de Lise se formaba una mini reunión en la que el trago corría sin control. Cuando ya todos se despedían medio embriagados para irse a sus respectivas casas Lise venía al piso a buscar a Bobby. Así, esos días Bobby no tenía más que esperar a que diesen las 5 de la tarde para abrirle la puerta a su amante. Y esa era también la hora de mi compañero de habitación.

Andrés había llegado a un pacto con el senegalés. Sabía que éste tenía dominada a Lise, y que ella accedería a cualquier requerimiento de su negro semental, así que cada semana, Andrés, le sugería que obligase a que Lise hiciese realidad sus fantasías, pero como si fuesen cosa de él. Todo ocurría -al principio, en el pasillo. Una tarde de viernes, Bobby le había dicho a Lise que la quería ver en minifalda y con tacones negros. Que quería verla caminar por el pasillo como si fuera una puta de Montparnasse. Segura de que a esa hora no habría nadie en el piso, Lise -que había llegado media borracha, como siempre- se metió al cuarto de Bobby para cambiarse. El senegalés la esperaba sentado escuchando música a todo volumen en un largo sofá que había en el pasillo y que el mismo Andrés había comprado. Nosotros espiábamos detrás de la puerta, sin hacer ningún tipo de ruido Se abrió la puerta de Bobby y vimos salir a Lise caminando con unos altísimos tacones y una minifalda negra muy corta.

Caminaba como una puta. Bobby le ordenaba -según instrucciones de Andrés- ir de un lado para otro siempre contoneándose lascivamente, con las manos en las caderas y de vez en cuando la hacía agacharse viéndosele las bragas rojas entre sus blancas nalgas - Ven aquí - le dijo Bobby- dime, quien soy para ti - Mi chulo - dijo Lise, con una voz putísima - y yo soy tu zorra, tu zorrón. ¿Te gusto así, mi amor? ¿O quieres que me suba más la falda? ¿Quieres que te enseñe más el culo? - hazlo - ordeno Bobby - ¿a que te gusta mirarlo? -decía Lise, acariciándose el culo por encima de la falda y mirando con marcada intención al africano.

- Si, mucho, mucho. Ven aquí - al tiempo Bobby había puesto a Lise de espaldas a nuestra puerta y le comenzó a acariciar los glúteos... Empezó por una nalga, mientras besaba lentamente a su amante, luego le ponía ambas manos, una en cada glúteo y se los estrujaba. Andrés miraba atentamente y tenía una mano en su picha. Yo no podría creer lo que estaba viendo.

Bobby le empezó a subirle la falda a Lise y pudimos ver en su totalidad sus hermosas y blancas piernas, de una claridad uniforme. Lise empezó a gemir cuando sintió los dedos de su amante entrar y salir de su coño para ir luego , humedecidos por sus propios líquidos, a su otro agujero. Con una de sus manos buscaba, por encima del pantalón, la verga de Bobby. Que excitación producía verla así, con esos tacones que acrecentaban la belleza de su culo, haciéndolo mas dispuesto, aumentando las ganas de rompérselo salvajemente, sin contemplación.

Siempre siguiendo el guión de Andes, Bobby le sacó definitivamente la falda y la dejó así, en bragas y con tacones. Ahora solo le metía el dedo en el coño haciendo los gemidos de Lise cada vez más frecuentes y sordos.

- Pídeme que me saque la verga - le dijo Bobby - Sácate la polla - -dijo Lise - ¿para qué? preguntó redundantemente el senegalés - te la quiero comer... con mi lengua - Sácamela tú, zorrita.
Lise se la sacó y se la metió en la boca sin dudar, como si temiese no volver a tenerla más. Era una polla algo larga y gruesa. Lise la lamía y la mantenía entre sus labios rojísimos unos largos segundos. El escenario era delicioso, Lise en bragas chupando y lamiendo la polla de su amante negro.

A veces, se reía cuando Bobby le apretaba la nuca contra su polla, como queriendo llegar hasta su garganta. Se sonreía, le miraba y seguía comiéndosela, mientras que con su mano se acariciaba el clítoris.
- Métete un dedo en el culo - ordenó Bobby Y Lise obedecía.
- Así no - dijo Bobby.
Se sentó en el sofá y le hizo poner a cuatro patas de forma que Lise seguía chupándosela y con su mano derecha tenía acceso a ir preparando la entrada de su verga en ese hermoso agujero. Se echó un poco de saliva entre sus dedos y la fue preparando. De vez en cuando le metía el dedo en el coño y luego volvía al tesoro principal. Cuando vio que ya entraban dos de sus dedos en el ano de su sometida, se levantó del sofá y le ordenó que se sentara encima de él.

Primero se la iba a follar por el coño para darle el orgasmo infinito que Lise buscaba todos las tardes de los viernes.

- Ven, haz echo un buen trabajo con tu boquita, -dijo- y ahora te voy a dar tu premio - A ver...-dijo Lise Y le metió la gruesa picha en su ya húmedo coño. Ya solo se veía a Lise cabalgar una y otra vez, arriba, abajo, arriba, abajo, mientras decía - Ahhhhhhh, dime que soy puta, tu puta - ¿siempre me obedecerás? - Si, siempre, siempre, ahhhhhhh - ¿vas a hacer todo lo que yo te diga? - si, aahhhhhhh - ¿y si te ordeno que folles con otro, me obedecerás? - Si, tú eres mi chulo, ahhhhhhhhh soy tu puta… ahhhhhh, véndeme. Lise se vino un par de veces, pero no dejaba de cabalgar. Fue entonces cuando Bobby la levantó, todavía con su picha dentro de ella. La tumbó en el sofá, y buscó aquello que hace poco había estado preparando. Se la sacó del coño e introdujo su picha humedecida en el glorioso culo de Lise.

Se escuchó un fuerte grito, quizás de dolor por el ímpetu del senegalés, pero al rato en la cara de Lise se podía ver el placer que volvía a sentir. Tenía una mano en su clítoris y la picha del negro rompiéndole el culo una vez más. ¡De que manera se lo estaba rompiendo! Bobby sin piedad, embestía una y otra vez. Al cabo de unos minutos Bobby dio avisos de que estaba a punto de venirse, rápidamente se la sacó, le agarró la cabeza a Lise, sujetándosela fuertemente y se vino en su rubia cara.
- Uhm… decía Lise apaciguando a su hombre, quien se estaba secando su verga en sus pómulos y cuello - Ah, que rico polvo - decía Bobby. Mientras le acariciaba el cabello a su amante vespertina.

Se quedaron un rato más. Lise besaba tiernamente de vez en vez a Bobby, quien de vez en cuando miraba a nuestra puerta. Detrás de ella Andrés, exhausto también, se limpiaba sin disimulo alguno, las consecuencias de lo que habíamos visto.

- Se pasó el negro, macho. -dijo- le voy a comprar un par de consoladores para que se lo meta la próxima vez, mientras reíamos para nosotros Lise siguió viniendo por un buen tiempo más, y se sucedieron otras situaciones igualmente placenteras. En otra ocasión se las comentó. Saludos a todos.

Autor: arturo6y5