Saqué la verga de su boca y comencé a masturbarme hasta que exploté, llenando de leche su cara y pelo. Mire su sexo, lleno de vello y con las tijeras comencé a recortarlo. Eso cambiaría hoy también, aunque tendría que salir a comprarlos y, por lo pronto, el pepino bastaría para dejarla caliente el rato que estaba fuera. Cada vez que me acercaba a su coño percibía el olor de su sexo. En el baño le ordené que se cogiera los tobillos de forma que su culito quedaba bien expuesto. Metiéndose en el papel y corriendo al baño. |